jueves, 18 de noviembre de 2010

Responsabilidad Social

Si partimos de la base de que Responsabilidad significa que las personas son conscientes del impacto que tienen sobre otros individuos y sobre el medio físico con el que interactúan (y por consiguiente actúan en consecuencia), entonces podemos afirmar que los afectados tienen el derecho de ser oídos y su opinión tenida en cuenta. De modo que aquellos que tienen el poder tienen la obligación de escuchar y tomar las medidas oportunas que refuercen esos derechos y obligaciones.
Desde que en 1800 Robert Owen, empresario pionero en el cooperativismo y la acción sindical, y cincuenta años más tarde los hermanos Cadbury crearan un modelo de responsabilidad social hacia los clientes y trabajadores, la Responsabilidad Social de las Empresas (RSE) ha evolucionado de tal manera que la podemos definir como: El proceso por el cual las empresas asumen la responsabilidad por las consecuencias sociales, económicas y medioambientales de su actividad, con el objetivo de mejorar su situación competitiva y su valor añadido.
Los actos de las empresas y de los individuos que forman parte de ellas repercuten de manera positiva o negativa en otras empresas, otros individuos u otros procesos. La ética empresarial se ocupa del estudio de las cuestiones normativas de naturaleza moral que se plantean en el mundo de los negocios: la gestión empresarial, la organización de una corporación, las conductas en el mercado, las decisiones comerciales, etc. La ética empresarial en su relación con la RSE intenta alinear los diferentes enfoques dentro de la responsabilidad social, es decir, la búsqueda de modelos que permitan que la contribución de la empresa a la sociedad y al entorno sea lo más justa y valiosa en equilibrio con su resultado económico.
Tomando la empresa como una comunidad de personas que aportan conjuntamente su trabajo directivo, su trabajo operativo y su inversión, es importante conocer los valores por los que se inclinan los grupos de interés, tanto internos como externos (Moreno, Uriarte y Topa (2010). Así, hoy en día es importante tener una cultura corporativa sólida (basada en valores), calidad en los servicios y/o productos como filosofía esencial de la empresa, transparencia no sólo en sus cuentas si no en sus actividades y valores, y contemplando como éstos afectan a sus trabajadores, a sus clientes, inversores, proveedores y el medio físico donde operan.
Sin embargo, algunas empresas sufren limitaciones cuando intentan avanzar hacia prácticas más responsables. Clientes inconstantes e inversores con poca visión a largo plazo fomentan en muchas ocasiones el castigo más que la recompensa a las compañías que buscan hacer lo correcto.
Una economía de libre mercado es aquella que se desenvuelve a través de empresas privadas sin el control directo por parte del gobierno. En ella, los principales procesos y operaciones económicos son llevados a cabo por particulares, ya sean estos consumidores o empresas, a través de las leyes de la oferta y la demanda. Una economía de libre mercado nos da la posibilidad de la libre elección, basándose en la premisa de que los consumidores y empresas son racionales en cuanto que conocen perfectamente sus preferencias y están en condiciones de efectuar todos los cálculos necesarios para alcanzar aquello que se proponen. Este supuesto de racionalidad supone que los consumidores toman sus decisiones bajo lo que les procura la mayor satisfacción posible, máxima potenciación de la utilidad. Así mismo, los consumidores y las empresas contemplan toda formulación social en función de su propia asignación de bienes sin tener en cuenta las consecuencias que tales decisiones pudieran tener en las asignaciones de otros consumidores y/o empresas, es decir, lo que se denomina egoísmo. O como William Jevons afirmaba, los individuos buscan el mayor placer al menor coste (Andrew Schotter, 1985).
Los individuos que conformamos la sociedad somos parte de los valores de las empresas, ya sea porque formamos parte de ellas y/o porque consumimos los productos y servicios que nos ofrecen. La filosofía del Servicio al cliente tiene como eslogan principal “El cliente siempre tiene la razón”. Sin embargo toda regla tiene una excepción, por ejemplo: cuando un comensal rehúsa a pagar la cuenta, cuando un cliente demanda un reembolso total por un daño al bien que él mismo ocasionó, cuando el cliente amenaza con irse a la competencia porque se le está facturando por un servicio fuera de las obligaciones contractuales (como la visita de un técnico).
Por lo tanto, ¿podemos exigir responsabilidad ética a las empresas cuando a veces nuestra propia ética puede estar en entredicho con este tipo de actuaciones? ¿No estamos penalizando, en vez de recompensando, aquellas empresas que bajo nuevas políticas y valores quieren fomentar un desarrollo y una manera de hacer negocios más sostenible? ¿Puede este nuevo modelo de empresas responsables exigir clientes e inversores más responsables?

8 comentarios:

Anónimo dijo...

"Los negocios que perduran son los que establecen relaciones justas, en las que todos los actores implicados salen ganando". Un factor importante para la supervivencia es que dicha empresa esté abierta al cambio, para poder adaptarse a los nuevos tiempos y al mercado. Por primera vez hay conciencia de que el futuro ya no sólo se basa en el dinero rápido. Lo que no evoluciona, se muere.

Unknown dijo...

Encuentro muchos conceptos e intentaré ordenar mis ideas …. no es tarea fácil para mi, por no tener el placer de dominar determinados conceptos, como el de la responsabilidad social, pero se toca tan de cerca con el mundo financiero y empresarial, al que pertenezco, que al menos servirán para que profundice en la materia.

Gracias Erica por abrir este foro, por emplear conceptos interesantes, conversaciones interesantes, por intentar que seamos un poco más reflexivos, y por invitarnos a emborracharnos del aprendizaje en común.

Unknown dijo...

Al introducir el concepto de economía de libre mercado, para definir que los agentes se mueven o actúan con libertad en sus decisiones entendemos, por eliminación, que en cualquier otro supuesto de régimen económico ¿estarían coaccionados?
Mi primera reflexión: ¿contribuye esa libertad atribuida a la economía de libre mercado, sin interferencias del Estado, a una mayor responsabilidad social?

En este contexto, se apela al papel del consumidor, de su función de utilidad egoísta y de la licitud de su exigencia en la responsabilidad social empresarial, viene mi segunda reflexión: ¿cómo estamos definiendo a este consumidor?, y, ¿cual es su función de utilidad?

Mi tercera reflexión, respecto de las empresas que sí son socialmente responsables, y su derecho a exigir a sus posibles clientes e inversores esa misma responsabilidad. Pero,... ¿no forma esta exigencia parte de la propia responsabilidad social de la empresa?
Si no es así, ¿podríamos hablar entonces de una empresa socialmente responsable, aunque aceptara inversores entre sus accionistas, que no cumplieran con una garantía mínima de responsabilidad?

Unknown dijo...

Y de mis tres reflexiones vuelvo al punto de partida: no me puedo olvidar del contexto teórico en el que nos hemos encuadrado, economía de libre mercado;

Respecto del consumidor. Sí, la economía de libre de mercado, en sus diferentes versiones, define al consumidor como agente maximizador de una función de utilidad, dada una restricción presupuestaria. Pero, es el consumidor, definido por la mayoría de la teoría neoliberal como “racional”, ¿maximizador de una función de utilidad? En mi opinión no, puesto que reducir al consumidor a una función ordinal y no cardinal (…conceptos matemáticos) no tiene en cuenta la “valoración” de las preferencias, es decir, podrían usarse distintas funciones de utilidad para representar unas mismas preferencias, y al resolver el problema de maximización todas darían el mismo resultado.
¿Es este nuestro consumidor? ¿No influyen en sus preferencias, en su función de utilidad, un conjunto de valores sociológicos y psicológicos que poco tienen que ver con la maximización de una función matemática?

Considerando al consumidor en sentido neoliberal, poca responsabilidad social podríamos atribuirle.

Respecto a la consideración de las empresas dentro de ese mismo contexto, me refiero con ello a la tercera reflexión.
¿Son las empresas socialmente responsables las que deberían exigir un comportamiento responsable a clientes e inversores?
Lógicamente; no se entendería lo social de su responsabilidad si no fuera así. No deberíamos apelar al sentido social de la responsabilidad de una empresa si no exigiera que entre los fondos procedentes de sus inversores no estuviera implícita esa misma responsabilidad.
¿Es lícito hablar del comportamiento socialmente responsable de una compañía cuyos fondos proceden de un fondo de pensiones alimentado en la espiral especulativa de nuestra querida economía neoliberal, garantizado por palabras mágicas como “rating triple A”, y después de la crisis del sector financiero, descapitalizado hasta un valor 0? Pero, con un ejemplo financieramente más sencillo... Sería una empresa socialmente responsable si entre sus inversores se encontraran fondos procedentes del narcotráfico? ¿Y si fueran fondos constituidos en paraísos fiscales? Serían estas empresas socialmente responsables?
Ah! Si! Se me olvidaba que cumplían con las leyes medioambientales o realizaban reinversiones/donaciones con fines sociales (con los correspondientes beneficios fiscales, claro).

Por ello, me remito a la primera de las reflexiones, ¿cómo ha contribuido entonces esta economía de libertad, en la que los agentes se mueven con libertad, sin intervenciones ni injerencias del Estado, a mejorar la responsabilidad social empresarial?
Pues permitirme decir, y si no estoy entendiendo mal el concepto de responsabilidad social, que en poco.
Yo, más bien me atrevería a decir, que ha sido esta economía de la libertad la que ha contribuido a la especulación irresponsable y que ha derivado en una crisis financiera sin precedentes; y digo a propósito financiera y no económica, porque aunque utilicemos indistintamente los dos conceptos, no son lo mismo.

En la medida en que la responsabilidad social sea voluntaria y los sistemas de regulación del capital inexistentes, como lo son en una economía ultraliberal, será complicado introducir conceptos o valores, como responsabilidad social, por parte de empresas, consumidores e inversores.

Anónimo dijo...

zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz

Erica Nicolas dijo...
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Erica Nicolás dijo...

Anónimo

Gracias por tu aportación, expone claramente tu opinión.

Un saludo

Erica

Erica Nicolás dijo...

Hola Isa,

Gracias por tu interesante aportación. Conceptos que abren al debate, pero sin embargo no entraré ahora en discusión sobre sí es mejor una economía de mercado libre, tradicional, planificada o mixta. Intentaré con un ejemplo sencillo explicar que abarca la responsabilidad social en mi opinión, sin razonamientos filosóficos (que me encantan).

Cuando te refieres al consumidor, lo haces en 3ª persona, pero "todos somos consumidores" el accionista, el dueño de la empresa, la señora con el carro de la compra. ¿Que sí somos racionales? A mi parecer, lo somos.

Insinuar candidez al consumidor me parece echar balones fuera. Uno no tiene que irse a los grandes males sociales, medioambientales, etc para actuar o no responsablemente.

Por ejemplo, voy a pintar mi casa y elijo pintores que son más baratos, sin importarme sí van hacerme un diagnóstico del estado de mis paredes, los materiales son buenos, son limpios, etc. Simplemente son más baratos

Es mi elección, es mi dinero...eso si, sí más adelante nos damos cuenta que nos han dejado todo hecho un desastre, o se nos abre la pintura de la pared, tenemos que asumir las consecuencias de nuestra elección. Ha sido mi elección y hay opciones para elegir.

Cada uno puede elegir lo que quiera, pero tenemos que ser conscientes que cada elección tiene sus consecuencias y estas son las que nos tienen que importar o no, a la larga.

Bs